Cuando coges una película en la que los protas son los mismos que descubristes diez años atrás, y te llevan acompañando todo ese tiempo, es como los amigos. Me explico: ya los quieres como son, con sus cosas buenas, y esas pequeñas cosillas que también te sacarían de quicio de alguien que no fueran ellos. Pero la balanza tira siempre como algo positivo. Algo parecido como lo que pasaba con la trilogía de Antes del Amanecer.
Nueva Vida en Nueva York (2013), esa traducción libre de la original Casse Tete Chinois, marca el final de la trilogía que su director, Cédric Kaplisch, ha decidido llamar "La Trilogía de los viajes de Xavier" por estar unidos, además de por los protagonistas principales, por los viajes como una forma de entender la vida de una generación por completo.
