Aquella noche fue larga tras caer a la cama, tanto como aquel verano en el que la desidia pudo conmigo. Entre sueños viajé a lugares cercanos pero a la vez lejanos: ya había estado allí pero no de la misma forma, quizás era una forma de verme desde fuera y entender mejor la situación de mi mismo ¿Cómo había llegado hasta ese punto? ¿Cómo había sido capaz de caer, recuperarme y volver a caer? ¿Me he dejado caer? Finalmente cada uno decidimos lo que queremos hacer o dejar de hacer... yo me había dejado caer como en una caída libre, sin importarme cuántos soportes o manos iban atrapándome. La velocidad del vacío, el disfrute de dejarse perder y abandonarse.
Era hora de despertar. Abre los ojos.
Era hora de despertar. Abre los ojos.
