6 de abril de 2026

Solastalgia / Bamboe // La belleza de la desnudez emocional completa



"Hay un tipo de tristeza que no se va cuando nos movemos; se queda pegada al aire, al paisaje, al lugar que una vez fue nuestro refugio. La llaman solastalgia: el dolor de ver cómo se transforma lo que amamos, aunque sigamos estando ahí. Las flores son testigos silenciosas de ese cambio. A veces se marchitan bajo un cielo que ya no reconoce su color, otras crecen entre grietas que antes no existían. Cada pétalo lleva un recuerdo, un suspiro de lo que era, y un anhelo de lo que podría haber sido. Observarlas es entender que la pérdida no siempre tiene que ver con irse; también duele quedarse y ver cómo todo a nuestro alrededor se desvanece. Pero, incluso en esa tristeza, hay belleza: la resistencia de la vida, la fuerza de florecer pese a todo. Hoy, cuando mires una flor, piensa en ella como un espejo de tu propio corazón: frágil, efímero, pero insistente en existir" Así hablaba Bamboe lo que era el nombre de su nuevo disco: Solastalgia (Autoeditado, 2026).

10 canciones lo componen, sin estar en ellas las recientes CaliforniaAbout you o con la que regreso tras un tiempo sin escucharle como era Las cosas oscuras, pero donde se deja el alma, se desnuda, se entrega y entremezcla el dolor, la sanación, lo que viene, lo que se va y todo ello a voz y guitarra. La magia que hay en esa desnudez he querido transformarla en una pequeña historia con la que hago la crónica del disco: Dos hombres desnudos y sus emociones



Llego a su casa, me quito la ropa lentamente, la dejo mientras suena una guitarra. Él está en la terraza observando el mar mientras canta De donde vengo como su madre lo trajo al mundo. Noto la paz en este momento "Compré un billete sin viaje de vuelta" cuando sientes que se ha liberado de su pasado. La sensación de que el sol lo nota, lo siente. Es una ciudad de mar "Yo de donde vengo no existe el presente", quizás por estar en una ciudad en la que vida va a tanta velocidad que nunca estás en el aquí y ahora.

Se levanta y me abraza, un abrazo sincero. Suena Jude "Hoy en la consulta otra vez te han dicho que tienes que controlarlo". Él sigue abrazándome, sin soltarme, sin dejar de sentir en el oído con todo sentido lo que está diciendo. La desnudez física es mucho más sencilla que la emocional, esa que noto en cada susurro de la canción. La búsqueda de quiénes somos, de nuestro pasado, de aceptación, de quiénes somos y de quiénes nunca seremos. El abrazo se vuelve íntimo, casi fusionado.

Nos separamos, comienza a cantar Soledad. Mientras mira hacia la playa, "Soledad, agua y arena, esta ciudad y nos mareas. Ando buscando un poco de oxígeno dentro del mar". Parece perderse con su mirada, esa mirada que tiene que realmente me quiere decir "Un niño gris me ha visitado a altas horas cerca del acantilado", dice esa frase mirándome a los ojos, esa belleza de las letras, de su mirada. De como ya se siente en un lugar que no le angustia como es la capital.

Entramos a la casa, pequeña, íntima. Nos tumbamos en la cama, el canta La vida adulta. La belleza que hay en el juego de la voz con la guitarra, la intimidad de la producción "Tu ex de cinco años se ha casado y tiene una familia de verdad aunque te escribe cuando está borracho y él que a ti te gusta vive lejos y es adicto al polvo blanco y a las luces de algún bar del extrabarrio" Parece buscar la paz dentro del caos, le abrazo y me dejo llevar embobado, cerrando los ojos, porque nunca me gustó la vida adulta porque viene sin instrucciones pero él hace que vea una belleza en esa situación, bailar aunque no tengamos claro como hacerlo.




Ahora es él el que me abraza, con fuerza mientras canta Rubí, una canción en la que trata de ayudar a una persona pero "Pero no se que más puedo darte si al final el lorazepam te lleva a un lugar del que no quieres despertarte". A cada frase noto esa fragilidad de Rubí, la búsqueda de rendirse aunque tenga un apoyo en la persona que le cante. Porque como él ha dicho se habla mucho de la salud mental pero no se habla tanto del que le acompaña en la ayuda. El amor hay en esa relación. A más la canta, más me abraza, más fuerte... Unas lagrimas recorren sus ojos al terminar.

Miramos al techo, suena Septiembre. Su cara ha cambiado "Pero hoy ya no tengo miedo, los fantasmas salen a brindar". Los pequeños momentos que a veces no observamos, objetos que se mueven con el viento, el perrete durmiendo tranquilo. Septiembre como un mes que nunca he asociado a la tranquilidad y aquí si que lo hace. El contraste con lo que se supone que es el mes. Ese placer de estar mirando a un techo con un espejo, observándonos.

Comienza a cantar Mártir. Me levanta y me lleva al sofá, se pone sobre mí y empieza a cantarme mirándome a los ojos. Esos coros que suenan de fondo, como si fueran ecos del pasado. No quita su mirada: "Y aún así nada cambia porque existe el miedo". Siento como si estuviera entrando en mis pensamientos "Pero tal vez nadie paró a pensar que en el mundo también hay un niño roto que no deja nunca de creer". La búsqueda del amor, el justiciero que quizás queremos que nos salve... pero el miedo sigue siendo grande. Cada verso parece tatuarse en mis pupilas, al final es vivir con todo lo que llevamos a nuestras espaldas.

Luz, una hamaca en la terraza, un recorrido por su cuerpo mientras canta. Una búsqueda de esa luz a la que está cantando, recorriendo tatuajes, heridas, cicatrices... perdiéndome en ellas y viendo que cada una de ellas tiene una luz que parece salir de su cuerpo, sin que llegue a explotar. Aunque esa luz que me enseña es la muerte, la muerte que está ahí ¿Cómo es la vida tras ella? ¿De qué forma se vive? 

De repente el comedor se convierte en una pista de baile imaginaria. Así suena Bacardi los cuerpos se separan y lo que buscan es el alcohol. Una copa, tras otro "Abro la puerta de este club tan raro donde ninguna cara es familiar junto a la barra y sus precios caros creo encontrar un rato de tranquilidad". Cuando buscas en la bebida el refugio, donde nadie te mira, bailas, lo das todo. Yo le observo simplemente disfrutando del momento "Ponme una copa más para salir de mí". Las llamadas que se hacen en esos momentos, cuando no sabes que hace esa otra persona en otro bar "La gente de ese lugar no se parece a mi, sólo quieres bailar y no pensar en mi". El deseo de otra llamada.

Cuando el mundo se acabe nos abrazamos los dos, como si fuera una despedida. Aquí hay un poco de una parte más racial, más de fusión, de arraigo, de darle un toque diferente al cierre. Fundidos ante un final en el que se repite en varias ocasiones "Cuando el mundo se acabe". Fundido a negro.

Solastalgia es una desnudez tan grande que he decidido juntarla con la desnudez física, como ambos se entremezclan porque la física es muy sencilla. Porque esa desnudez la recuerdo perfectamente cuando salió a cantar a la Siroco una noche de 2018. Esa desnudez emocional de Bamboe hace que sea un disco redondo para escuchar una y otra vez en la intimidad con nosotros mismos, dejándonos abrazar libremente. El disco más precioso de lo que llevamos en 2026.


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