Este año Eurovision, que celebraba su edición número 60, se trasladaba a Viena donde los austriacos nos dejaron a una especie de Lunae como presentadoras (acabaron cantando y todo), un escenario con un techo que parecían bolas de ping pong luminosas que se movían a un ritmo hipnotizante, una sintonía que me recordaba a alguna canción, unos aplausos pregrabados que iban sonando de forma aleatoria en las actuaciones, algunas realizaciones que daban lastimica y una Conchita Wurst que acabó volando entre los espectadores como si fuera un ángel venido del cielo a salvar el mundo de la música
Pero lo más importante fueron los 40 temas que sonaron, entre las semifinales y la gran final que se celebró ayer. Con estos temas ya podremos cantar durante unas cuantas temporadasy escucharlos una y otra vez en el Fraggel Pop.
Pero lo más importante fueron los 40 temas que sonaron, entre las semifinales y la gran final que se celebró ayer. Con estos temas ya podremos cantar durante unas cuantas temporadas