Salí de casa con la espada en alto. La música sonando a todo volumen en los cascos. Esquivaba todos los obstáculos de la calle, sin un destino claro, más bien confuso, pero sabiendo lo que quería... quizás ese fue el secreto del éxito. No sabía cuál era el destino, pero si sabía lo que quería conseguir ¿Ironía? Quizás no...
El problema es que en ocasiones yendo con la cabeza victoriosa te acabas pegando alguna que otra leche. No pasa nada. Fracasas. Caes. Te hundes, pero lo celebras con unas cervezas. De ser un perdedor a ser un ganador, mi vida va a cambiar...
