Salí de mi buhardilla aquel viernes para quedar a tomar algo, de tranquis. "El quedar a tomar algo, de tranquis" siempre se acaba derivando en una gran fiesta repentina... fiestas en las que sin querer acabas conociendo a alguien que resulta interesante, más de lo que en un primer vistazo te llama la atención. Así sucedió.
Me quedé en un rincón de charla con él, mirándole y pensando "¿De verdad es así?", no sé en que momento dije adiós a mis amigos que brindaron con la copa mientras me alejaba agarrado de su mano. Me regaló esa chapa que llevaba en su chaqueta, jugó con mi perilla... y aceptó venirse a casa.
La noche fue alucinante y descubrirme amaneciendo con él pegado a mi pecho es una imagen inolvidable. Un post it a la mañana siguiente me esperaba en la mesilla "Adoro la casualidad que me llevó a ti". Mientras él se duchaba y cantaba como si llevara allí toda la vida.
