Sonaba esa canción. La que siempre nos había gustado bailar juntos cuando salíamos de fiesta. Sí, esa noche, después de mucho tiempo, volvía a sonar. Era lo que llamábamos bailar a cámara lenta. Por un lado bailabas despegado, pero por otro daban juego para poder agarrarse.
Puede ser que todo lo que llevara encima, entre las cervezas, la cena, y las copas, se me hubiera subido un poco más de la cuenta. Pero simplemente pasó, me dejé llevar. Te cogí de la cintura. Me pegué a ti, sentía mi mano casi fusionarse con tu cadera, y un poco más abajo, tus manos fueron a mi espalda y me apretaron bien fuerte. Casi sin darme cuenta estaba sintiendo el calor de tu cuerpo, abrazados...

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