17 de enero de 2017

Rubber / Entre el cine de autor y el WTF continuo


El momento en el que elegimos Rubber (Quentin Dupieux, 2010) como película para pasar un buen rato un domingo por la tarde, creo que no teníamos demasiado claro lo que íbamos realmente a ver. La idea de un neumático asesino nos llevaba a películas surrealistas como Sharknado, Zombeavers o similares, pero lo que nos pasó ayer es algo que nunca os creeríais... bueno, ni nosotros tampoco.


La primera e intrigante escena de Rubber. Nuestra cara: un cuadro

La primera escena empieza a hacernos sospechar que no estamos bajo una película alocada, sin sentido, llena de chascarrillos y de adolescentes inconscientes o héroes que van a salvar el mundo. Casi parece que nos encontramos ante una película de autor como si David Lynch hubiera tomado los mandos de la dirección de una forma oculta.

La rueda parece que tiene algunos sentimientos... ¿sexuales?
A partir de ese momento nos damos cuenta que no estamos ante una película random, nos vemos de lleno en una especie de historia-pesadilla-conceptual donde somos espectadores de como una rueda puede ser la protagonista de una película que, afortunadamente, dura sólo una hora y veinte y que se hace por momentos extremadamente lenta.

Buena fotografía, una banda sonora de quitarse el sombrero y un guión que disfrutarán aquellos amantes de las películas relajadas con tempos lentos y donde nada es lo que parece. Rubber para los aficionados a las idas de pinza pero capaces de soportar el cine de autor.

Cuidado, la rueda es peligrosa... Una metáfora sobre que hay que tener cuidado en la carretera

Si queréis un avance, no os perdáis el tráíler. Si os atrevéis, echadle un ojo a Rubber.

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