21 de enero de 2018

> El final de todos los agostos < Alfonso Casas pone imagen a la melancolía



Ains, así puedo resumir lo que te pasa por la mente cuando cierras el libro El final de todos los agostos (Lunwerg Editores, 2017) de Alfonso Casas*. Ese final de todos los veranos es un recuerdo, un regreso a esos años donde todo estaba claro y cada momento se clava en la memoria como si fuera un puñal. Unos años que nos marcan para el resto de la vida, esas personas que se vuelven claves sin darte cuenta y que acaban estando en un espacio temporal diferente... hasta que decides coger tu propia TARDIS más rudimentaria, un autobús, para regresar allí.


La nostalgia, la melancolía, la tristeza de lo que nunca fue. Alfonso Casas es un experto en dramas emocionales, sólo hay que ver sus redes sociales y como sus ilustraciones dan en el clavo en buena parte de los temas que trata. Las amistades, novios, amantes y esas personas que nunca supimos saber que eran realmente. Esas personas que lo fueron todo pero nunca se llegó a ser algo.



La historia nos sitúa cuando Dani, el protagonista, se encuentra a punto de dar un paso fundamental en su vida. Las dudas que se le plantean le hacen agenciarse un proyecto por el cual tendrá que regresar a aquel pueblo que visitaba todos los veranos en su niñez y adolescencia, ¿Qué es lo que quiere encontrar?. La novela gráfica juega con los elementos habituales de Alfonso pero también con el color, ese color que identifica el presente, el pasado e incluso la transición entre ambos tiempos.


¿Qué es lo que hubiera pasado? Los famosos "Y si" que nos tenemos que cargar de nuestra vida, pero Dani decide lanzarse a buscar y rebuscar en ellos volviendo a aquel lugar donde empezó sin él saberlo su pasión por la fotografía. Por esos momentos que nunca fueron, de eso va El final de todos los agostos.


*Alfonso Casas, zaragozano de 1981 es un conocido ilustrador que ha publicado varios libros como Se(nti)mental, Kit de Emergencia Se(nti)mental, los manos a mano con Carlos Suñé (No son mi barba) y Julián Almazán (Marica tú). Esta última fue adaptada a cine en forma de mediometraje, y al teatro se adaptó su primera novela gráfica, Amores Minúsculos. Sus redes están llenas de ilustraciones con pequeñas reflexiones.

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