Este año comenzó con una peculiar fiesta que realicé el pasado fin de semana: en mi nueva casa, estrenándola reuní a una serie de personas. Había amigos que conocía desde hacía años, algunos chicos con los que había salido, amigos a los que hacía tiempo que no veía, gente que vivía cerca, los que vivían lejos vinieron.... Todos tenían en común el cariño mutuo que había y que perduraba.
Algunas personas se preocuparon por no ser invitadas, pero no tenían porque hacerlo: no tenían en mi un mayor interés que en cualquier otra persona al azar, por mucho que sus palabras dijeran lo contrario: los actos lo dejaban bien claro. Bien abandonados están a la deriva esos amigos fugaces, efímeros, falsos... esas personas que no te hacen sentir especiales. La soledad les acabará alcanzando inexorablemente, pero eso ya no es problema mío. Muchas cosas, con el tiempo, ponen a las personas en su lugar y yo tengo la mejor compañía posible. La que quiero y que me quieren con ellos también.