22 de julio de 2026

Hombres Encontrados / La bitácora de mi viaje en la Lucky Star // Año 2015

Ayer publiqué lo que escribí en Hombres Encontrados en el año 2014, ese blog comunal en el que varios hombres escribíamos sobre sentimientos. "Al unirse, encontraron su lugar". Así lo hicimos durante cuatro años y ahora estoy rescatando todos los textos con sus fotos, y los enlaces que os llevan a la entrada original, a modo de recuerdo. En el día de hoy tocan los textos que publiqué en 2015


7 de enero de 2015 / Como jugar con los coches

Escuchando: Jugar con los coches, Piratas


Jugar. Una palabra que recuerda a inocencia y diversión. En esta vida se tiene que jugar. Se debe de hacer durante el día, en cualquier momento, conseguir la excusa para ello. Puro divertimento, para hacer que todo sea entretenido, sin aburrirse y hacer de lo aparentemente monótono algo entretenido.

Pero ¿y si llega ese día en el que te cansas de jugar?, o incluso más, ¿Qué sucede si, al final, nunca te has divertido como deberías de haberlo hecho? Si al final todo ha sido un juego mentiroso y engañoso. Entonces, ¿Nunca hubo reglas del juego? ¿Se perdieron las instrucciones por el camino? ¿Quisimos jugar sin ellas porque era más excitantes?

Ya lo cantaban Piratas en ‘Jugar con los coches’, un regalo envenenado e inesperado del día de Reyes.

«Mi grado de frustración es siempre ambiguo
y las cosas que más me gustan siempre me hacen llorar,
mi infancia ha sido tan larga que nunca acaba de terminar,
y sigo sin encontrar algo que me divierta de verdad.
Como jugar con los coches
o tirar piedras al cristal de aquel portal
que tú conoces»

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14 de enero de 2015 / A cualquier otra parte

Escuchando: Cualquier otra parte, Dorian


Y en ese instante Álvaro lo vio. Tanto tiempo en la ciudad, en un entorno que, realmente, nunca le comprendió. Con la extraña sensación de no encajar por mucho que pasaran los años. Pensaba que cada persona tenía derecho a tener un grupo de personas que le comprendieran . Álvaro entendía que a él no le había pasado. Decidió cerrar todas sus redes sociales, apagó su móvil por última vez y cogió una mochila llena de ropa.

Ese fue el último día que fue visto. Nadie supo más de él. Desapareció. Nadie más en el resto de sus vidas lograron volver a tener noticias suyas. Algunos, más de los que él se esperaba, le echaron de menos. Quizás el único que no quería encajar era él.

Dedicado a Álvaro. A los Álvaros que desaparecen para tristeza de muchas personas, por su propia tristeza.

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Escuchando: Sleep Together, Garbage


Aquella noche sería la primera vez que se verían en persona. Desde las alturas de aquel piso alquilado para la ocasión, mirando al mar de Barcelona, se encontraba Álvaro desnudo observando con absoluta tranquilidad el atardecer con el ir y venir del oleaje. No debería faltar mucho para la llegada de Roberto, que había conseguido montarse una excusa para librarse del trabajo aquel fin de semana. Ambos tenían necesidad de conocerse. Habían viajado muchos kilómetros desde extremos del país para llegar a la ciudad condal, un lugar que conocían perfectamente pero que querían volver a redescubrir por medio de una mirada en común.

Roberto apareció por la puerta, con una actitud completamente diferente a la de Álvaro, se le veía nervioso, temblando, casi con sensación de angustia. Álvaro pulso el play de su mp3 y comenzó a sonar Intro de The xx para volver de nuevo a mirar a la ventana, mientras observaba como Roberto comenzaba a desnudarse a toda velocidad. Anduvo hacía su compañero de fin de semana, lento, con miedo a la vez que deseo. Le abrazó por detrás, agarraron sus manos de forma fuerte, el pelo de sus cuerpos se erizó. Sintieron como si sus cuerpos quisieran juntarse cada vez más. Álvaro se giró, miró a Roberto y sonrió. Estaba disfrutando del hecho de verle allí delante, de rozarle y recorrer cada parte de su cuerpo. Ambos se exploraban. Tanto tiempo siendo una relación sin poder tocarse que querían disfrutar de este momento. Sin prisa. Sin pausa. Sus manos cogían los dedos del otro con delicadeza, se deslizaban por sus brazos, por los pezones, jugueteaban con el ombligo, acariciaban las nalgas, y cogían sus paquetes mirándose fijamente a los ojos.

Roberto se llevó a Álvaro a la cama. Se tumbaron de lado, siguieron recorriéndose mientras en el mar sólo se veía un faro al fondo, en alguna isla de la que desconocían el nombre, pero que les reflejaba cada cierto tiempo. Besos tiernos, casi castos, hasta que sus bocas se encontraron y la necesidad de volver a pegar sus cuerpos se hizo necesaria, como un imán. Besos, abrazos, caricias y erecciones que lo decían todo, casi sin tener que hablar.

La noche fue lenta para el resto del mundo, pero para ellos pasó a toda velocidad, sin darse cuenta Roberto estaba montando a Álvaro de la forma más sensual posible. La sensación de protección que se daban mutuamente era digna de animales salvajes en peligro de extinción. Ninguno de los dos quería que el otro lo pasara mal, querían proporcionarse el mayor de los placeres, ver disfrutar al otro. En casi ningún momento perdían el contacto visual. Sus gemidos se acompasaban, sus convulsiones. Álvaro era el que ahora temblaba con la sensación de tenerle en su interior, y más lo hizo cuando supo que se había corrido, tanto fue así que casi al mismo tiempo derramó su semen sobre la tripa de su compañero.

Así cayeron rendidos el uno sobre el otro. Más besos, caricias y abrazos que marcaban aquella noche. Roberto fue el primero que se fue con Morfeo, mientras tenía abrazado a Álvaro. Éste, entonces, empezó a llorar. Una vez rota la barrera, Álvaro, el ser aparentemente fuerte de los dos, se derrumbó. Sólo quería que los brazos peludos de Roberto le tuvieran en su cobijo, diciéndole que todo estaba bien. No hacía falta decirlo, Roberto le agarraba más fuerte y le acariciaba entre sueños como sabiendo que era lo que sucedía allá donde estuviera en ese instante.

Siempre hay que tener cuidado con los que parecen más fuertes, alegres o que no tienen problemas, quizás son ellos los que están pidiendo en el silencio ayuda.



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28 de enero de 2015 / Enero en la Playa

Fotografía: En una playa en Barcelona
Escuchando: Enero en la playa, Facto Delafé y las Flores Azules


Existen momentos en el que cuerpo y la mente dicen «Hasta aquí». Entonces necesitas un respiro. Conseguir relajarte, volver a tener una estabilidad. Tienes que recrear una situación mental que te sumerja en un estado de paz.

Para esas situaciones viajo a un día del año pasado: Fue un día de playa. Bajamos andando desde las alturas de la ciudad hasta la playa. Sin charlar sobre nada en especial, ni trascendental. Llevábamos una bolsa de patatas fritas en la mochila.

El camino fue ameno, aunque hiciera calor. Pasamos por algunas estructuras curiosas que más bien me parecían máquinas del tiempo. Allí, al fondo, estaba la playa. Aunque según el calendario el verano acaba en septiembre, aún nos pudimos bañar, y varias veces, casi como una necesidad.

Gente jugando a las palas, los que venden bebidas escondiéndose de los policías para que no les pillen y riéndose de como lo hacen algunos de sus compañeros, una revista para leer las tendencias de los festivales del pasado verano, charlas sobre la vida, sin preocupación

Al rato, me tumbé sobre la toalla. Me quedé tan relajado que me acabé durmiendo. Después regresamos por donde vinimos con la misma poca prisa con la que fuimos.

Ese día fue un gran día de relax, para muchos quizás un día de playa cualquiera, para mí un buen lugar, y compañía, donde regresar si quiero recordar lo que significa esa palabra. Es una forma de estar, como decían Facto Delafé y las Flores Azules en el título de una canción, en enero en la playa.

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4 de febrero de 2015 / Gracias por la música


Tienda de discos de segunda mano. Allí fue su primera cita. Ha pasado un año y regresan a ese mismo lugar. Ambos miran discos con cara de misterio tratando de descubrir nuevos vinilos y cds que puedan sorprenderles.

Roberto encuentra el vinilo de ‘Juntos’ de Paloma San Basilio, lo saca y se lo enseña a Álvaro. Él sonríe.

Álvaro: ¿Te acuerdas? Fue el primero que me regalaste. Estabas tan tonto

Roberto: Sí, tonto por ti. Mucho

Álvaro se queda pensativo y pregunta: Y tú, ¿Qué canción podrías a tu vida?

Roberto extrañado: ¿Una sola canción? ¡Me haría falta un tracklist! ¡Un doble CD! ¡Un recopilatorio!

Álvaro se ríe: Vale, ¿y una canción para nuestra relación?

Roberto lo tiene claro: ‘Ni contigo ni sin ti’ de Fangoria

Álvaro cambia el gesto: Yo lo vería más como este vinilo de ‘La Vuelta Al Mundo de Willy Fog’ de Mocedades. Recorriendo siempre estos días contigo.

Roberto sube la ceja: Por supuesto, o un ‘Mamma Mia’ de ABBA.

Álvaro se gira con cara de sorpresa, ha encontrado un cd de una banda sonora: Mehh, en realidad ha sido un poco como la BSO de la película de ‘Scooby Do’, ¡Todo un misterio por resolver!

Roberto con gesto altivo: o somos ‘La Pareja Tóxica’ de Zahara, ‘ya no somos criaturas de este mundo’

Álvaro rebusca entre los vinilos y encuentra uno de Love of Lesbian (mira el listado de canciones) y señala ‘Manifiesto Delirista’: Deja de soltar discursos delirantes, que no se te da nada bien…

Roberto, que llevaba tiempo mirando un vinilo, lo coge. Lo esconde tras su espalda: Álvaro creo que ya tengo el vinilo que buscaba.

Lo muestra. Álvaro pone cara de sorpresa y desconcierto. Es ‘La Fiesta Terminó’ de Paloma San Basilio. Roberto lo compra, se lo da: Así es como termina, como empezó. El ciclo de la vida.

Roberto sale a la calle. Se abriga bien, mira el cielo mientras tararea «y llegarán tiempos más buenos donde yo voy a tirar, y llegarán hombres más tiernos». Tras lo que empieza a correr por la ciudad, sin mirar atrás.


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Escuchando: Yo no me escondo, OBK


Fran se había dado cuenta aquella noche: No encajaba en determinado tipo de conversaciones.

–Pues ayer estuve follando con fulanito. Sí, y la semana que viene quedaré con éste cuando venga de vacaciones.

–Ah, pues a mí este finde me viene el chaval aquel de La Coruña.

–Yo he tenido una nueva cita con el que os conté hace tres semanas. Esto pinta bien.

-He quedado mañana con el chico del concierto ¡Por fin!

Él miraba como si estuviera en un partido de ping pong, sin decir nada de nada. Tampoco preguntaban. Quizás ya le conocían bastante bien que era una persona hermética. Pero Fran, dentro de sus silencios, se encontraba pensando sobre él. Sus relaciones amorosas, sexuales y sentimentales llevaban mal toda la vida y creía que ya no era momento de dedicarles más atenciones. Decidió que ya no quería conocer a nadie. En realidad ya le había pasado últimamente, o las cosas acababan mal, sin llegar a empezar o eran situaciones que nunca llegaban a pasar absolutamente nada… por muy evidente que fueran.

Quizás, dentro de su mente calculadora, no se dio cuenta de algo. A más barreras ponía cuando alguien podía tener un interés para él, su corazón moría un poco. Quizás era de una forma muy lenta. Volver a reeducarse con un «Esto no se hace». Sólo en las noches que salía solo por los bares se confesaba a desconocidos con los que lloraba desconsoladamente en algún rincón, si no acababa vomitando por las calles de la ciudad sin un rumbo fijo.

Primero empezó a dejar de querer conocer gente, después dejó de lado a sus amigos. Ellos intentaban preguntarle: » Y cuéntame la verdad, que quieres olvidar». Pero Fran seguía pensando en su cabeza que nadie le quería. A su familia la apartó. Y su corazón se seguía debilitando, ya ni siquiera en las noches de más dolor lloraba. Entraba en peleas sin sentido, provocadas por él mismo allá donde iba. Su particular camino a la perdición.

Había perdido completamente el control de su vida. Aislado del mundo. Recluido en lugares de mala muerte y con una sensación de odio hacía la humanidad. No se sabe bien en que día, ni a que hora, pero su corazón dejó de latir. No era una metáfora. Fran había muerto. Quizás la pena, la autodestrucción o una combinación de ambas.

Como sabía que ese día podía pasar antes o después, y mucho antes que su corazón se hubiera enfriado, dejó algunas cartas a las personas más importantes de su vida pidiendo perdón por lo que pasaría, antes que su cuerpo y corazón decidiera engañarle.

Al final, ya lo decía el Hombre de Cristal de Amelie:

"Malograr su vida es para todo ser humano un derecho inalienable”

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Fotografía: Arte urbano por alguna calle de Madrid
Escuchando: La fuerza, Facto Delafé y las Flores Azules


Hace mucho tiempo había un grupo de personas explotados en una mina. Allí extraían el mayor número de diamantes de lo más profundo. Eran llevados por un capataz, pero éste era incapaz de llevar a aquel pequeño grupo de personas, o seres, porque simplemente eran un número. Nadie de sus superiores sabía cuales eran sus nombres, en realidad tampoco importaba. Algunos de ellos caían muertos, fulminados de la asfixia del lugar, en aquellos pasillos enrevesados. Eran suplidos por otros, sin compasión ni pena alguna. Sólo serían recordados, y enterrados, por sus compañeros que si que estaban unidos.

En una de las ocasiones fueron reunidos para decirles que los grandes señores, una especie de gigantes que eran los dueños de aquellas minas, habían visto que no estaban trabajando como deberían hacerlo y ante las quejas que desató esta declaración acabó con un «No sois nadie». Su cara fue de sorpresa, gran sorpresa. Su capataz no fue capaz de tener si quiera la duda, lo cual enfadó bastante a todos ellos, como había sucedido antes una y otra vez.

El ser humano tiene un gran problema, piensa que siempre va a reaccionar de la misma forma ante una situación. Craso error, en esta ocasión estas personas no hicieron como en otras ocasiones. No giraron la cabeza y se fueron a seguir trabajando, sacaron la fuerza que llevaban dentro, la fuerza de todas sus manos juntas. El capataz fue agarrado entre todos ellos sin poder hacer absolutamente. Le sacaron fuera de la mina, le ataron en las alturas de un árbol, ayudados por otros mineros de cuevas cercanas. El capataz sollozó para que le bajaran de allí, pensaba que le quemarían o le harían cualquier castigo horrible.

No fue así. Le dejaron colgado 24 horas. Cuando regresaron seguía vivo pero habían conseguido que tuvieran un respeto que no tenían… ahora sabían lo que era sufrir. Sólo fue un primer paso. El capataz acabó dejando la plantación, y fue sustituido por uno que realmente defendió sus derechos y a sus trabajadores. Dejaron de ser sres. nadie para convertirse en Pablo, Alberto, Raúl, Sonia… Esa fuerza les había salvado.

Conclusión: Cuidado con aquellas personas que no son nadie, pueden ser más poderosos de lo que parecen. Todos tenemos la fuerza, sólo hay que saber utilizarla en el momento adecuado.

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25 de febrero de 2015 / «Te llamaré Hamor»



Antonio: ¿Rober o Roberto?

Roberto: No, tienes que elegir entre Rober y Berto.

Antonio: Me lo pensaré los próximos días. Por ahora te llamaré Hamor.

Roberto: Pero, recuerda, no puedes ligar conmigo.

Antonio: No, estoy en modo caracol. Metido hacía dentro.

Roberto: Nada, yo odio a los hombres así que no hay problema en ese aspecto.

Antonio: Podemos fundar la liga antihombres. Y, no sé, ponemos a Arda Turán de Dios.

Roberto: Sí, la podemos fundar desnudos los dos en tu cama. Me parece un buen plan.

Antonio: Tú lo que quieres es llevarme al huerto…

Roberto: No, yo sólo he dicho que desnudos en tu cama. Lo demás son interpretaciones tuyas.

Antonio: Los caracoles no compartimos la concha. Voy a desayunar, ¿Quieres que te prepare una tostada?

Roberto: Eres muy marido.

Antonio: Suena a insulto.

Roberto: No, es un piropo. Un piropazo.

Antonio: Anda, vete a la ducha mientras te preparo una tostada.

Roberto: Ve llamando al mensajero para que llegue a casa calentita.

Antonio: Pensaba que cogerías un AVE para venir a tomarla conmigo, en mi casa. Hombres.

Roberto: Eres un encanto.

Antonio: Tú también. Gracias. Me has dibujado una sonrisa esta mañana, y es muy complicado a hacer reír a un caracol.

Roberto: Yo sigo odiando a los hombres.

Antonio: Y yo sigo en mi concha… pero quiero tomar esta tostada contigo.

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Escuchando: It's The End Of The World, R.E.M.


Supongo que nadie está preparado para el final. Siempre hemos pensado que todos moriremos, equivocadamente, de mayores, a una edad indeterminada habiendo pasado muchos muchos años… e incluso entonces pensaremos que somos inmortales y sobreviviremos al resto de la población.

Cuando Edu se reunió aquella noche con sus amigos, tomando gintonics, lo tenía claro: estaban en la cuenta atrás del final. En cualquier canal de televisión sólo se veía una imagen negra para negra y una cuenta atrás que había organizado el Gobierno para saber aproximadamente cuando iba a suceder el momento en el que aquel asteroide reventara el Planeta Tierra, haciendo desaparecer a la humanidad. No había opción a la esperanza.

La calle estaba llena de gente gritando, llorando, incendios, al fin y al cabo, el caos ante el fin del mundo. En su grupo de amigos se escuchaba de todo, desde los que decían que esto era lo mejor que nos podía pasar, hasta los que lloraban desconsolados. Cada uno de ellos, a forma de terapia, fueron contando sus sentimientos, sensaciones, rabia contenida…. Cuando llegó el turno de Edu, se levantó y dijo:

«No estoy jodido. Absolutamente nada. Nadie de los aquí presentes vamos a poder evitar lo que va a pasar. Así que sólo puede decir que he sido muy afortunado. He querido, amado como el que más, aunque no me hayan correspondido o no haya sido todo como esperaba. Quiero a algunas personas como si fueran parte de mí, dándome cuenta que he tenido más grandes amores, y duraderos, de los que pensaba.

He disfrutado de pequeños momentos, y alguno grande, he cumplidos sueños, y he soñado mucho despierto. He logrado muchos de ellos, y los que no, lo he seguido intentando una y otra vez.

No puedo pensar de otra forma que cuando desaparezcamos, dentro de unas horas, podré sonreír y decir  «joder, qué bien que hayáis estado todos aquí, conmigo». Haber disfrutado, reído, llorado, follado, disfrutado, gritado, jugado como si fuera un niño pequeño»

Sin duda he tenido una vida tan grande que me voy con la sensación de que he dejado algo bueno en cada uno de vosotros: una sonrisa, una canción, un momento en el que habéis dicho «Esto es felicidad», ¿Qué más se puedo pedir?. Simplemente lo importante es terminar y pensar, ¿He hecho cosas con las que he disfrutado? Estoy convencido que la gente que me rodeo piensa que sí… hasta los más negativos. Me voy a ir muy feliz y pudiendo realizar una gran fiesta. Eso es una suerte. Y por eso os quiero agradecer a todos los que habéis hecho que mi vida sea estupenda porque sé, en este instante, que así ha sido. Y sí, esto es el amor más grande, esta sensación que tengo ahora mismo»

Levantó el brazo, brindó con sus compañeros. Un fuerte estruendo. El silencio.

Hay que vivir pensando que el día que te vayas mires hacía atrás y digas «Esto ha sido una gran aventura»


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11 de marzo de 2015 / Domingo de resaca

Escuchando: Domingo de resaca, Pastora


Recuerdo la primera vez. Fue una necesidad. Hacía falta. Fue un día de esos donde lo que deseas que la Tierra te tragué y te deje bien tapado con ella. Nos vimos tomando gintonics y  hablando sobre el suicidio en un lugar lleno de barbies enjauladas donde semanas más tarde,  y con otra persona, sonaría el Hung Up de Madonna hablando de hombres y situaciones curiosas.

Los domingos, hasta hace poco, eran el típico día tonto. En realidad era un mero trámite para el lunes, pero ese domingo creó una especie de tradición no escrita. Viajando entre bares, algunos más oscuros de sábado noche y otros más de estar sentados en la terraza. Debatiendo sobre parejas en un bar que parece sacado de ‘Cuéntame’ mientras suena de fondo Vivir así es morir de amor y un grupo de osos se viene arriba como si todos hubieran tenido un drama sentimental presente al que aferrarse para cantar con todo su alma. Seguro que algunos lo ocultan. Algunos mienten*. Muchos lo hacen, evitando que el fin de semana acabe. Queriendo evitar que los problemas regresen el lunes, mientras beben gintonics y sonríen, como si vivieran en un día de fiesta en bucle.

Conversaciones, diferentes personas con perspectivas. Mezclarte con gente que no conocías, o gente que pensaba que no te conocía, o no te recuerdan quizás de alguna noche perdida en la ciudad condal. Escuchar discursos increíbles que sabes que volverán devueltos en plan boomerang, y saber que sólo en un lugar te pueden poner el Woman’s World de Cher antes que el Believe. No saben que existe Song for the lonely y que encaja más con ese público que busca restregarse con quien no lo ha hecho las anteriores 48 horas. Mientras, una cola en el baño que crea interacciones entre los que esperan con charlas sin sentido alguno.

Sales a la calle. El sol está desapareciendo. Es hora de regresar. El principio del final. El final del principio y todas esas historias.

*Os he mentido. La gente miente. No es un domingo de resaca. Al menos no como el que todos podéis pensar.

«Cuánto calor, cuánto sabor, cuánto de todo»

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18 de marzo de 2015 / «A una canción de ti»



Me pongo los cascos. Busco esa canción que me da buen rollo antes de salir por la puerta de casa.

A veces voy con unas cervezas bajo el brazo dispuesto a que me descubras el último disco que has descubierto.

En otras ocasiones voy tristón, aunque a veces no se note, pero el simple hecho de hablar contigo hace que me sienta mejor. Me reconforta.

La melodía va acelerando poco a poco, casi como con prisa por llegar al estribillo.

En poco tiempo te has vuelto de esas personas que hacen que la vida sea mejor y que deseas que estén toda la vida. Igual que el que me acoge siempre en Barcelona, el que se mudó a Londres, el que siempre espera en Sevilla, la que se fue a México a cumplir sus sueños o los que en la misma ciudad, la vida, ha hecho que nos veamos menos…

El estribillo llega muevo los pies al ritmo del tema, jugando con el paso de cebra.

Es curioso como el mundo une a la gente de la formas más variopintas, podrían ser malvadas pero muchas son muy afortunadas.

Llego al penúltimo escalón antes de tu puerta. Suena música desde dentro. Acaba de terminar el tema que escuchaba en el móvil «Estoy a una canción de ti», te volví a decir. Sonreíste y me abrazaste.

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Escuchando: Los amigos que perdí, Dorian


Hombre 1:  ¿Te he dicho que te quiero?

Hombre 2: Pero, ¿Cómo me quieres?

Hombre 1: ¿Hay alguna forma especial de querer? Siempre estamos poniendo etiquetas a todo.

Hombre 2: No sé, puedes quererme como amigo, como alguien de tu familia, como tu amante, como tu novio. Ummm, ¡como futuro marido! (Se ríe a carcajada limpia)

Hombre 1: Simplemente te quiero ¿Qué si quiero follar contigo? Pues mira, no lo sé, nunca me lo he planteado

Hombre 2: Yo no lo veo, somos tan diferentes… pero nunca digas de este agua no beberé, ya se sabe. Tienes un buen culo.

Hombre 1: Anda, tira para el agua que estás pensando demasiado y hace mucho calor

Hombre 2: ¡Tú la llevas!

Hombre 1: ¿Has retrocedido a tu infancia? Te vas a enterar…

(Ambos llegan al agua corriendo, se agarran, tropiezan y se zambullen)

Hombre 2: ¿Has visto? El mar llegaba hasta aquí… y ahora se ha extendido

Hombre 1: El calentamiento global lo está jodiendo todo, un día inundarán las ciudades. Los leones marinos conquistarán las tiendas de alimentos de los chinos.

Hombre 2 (con cara triste): Sí, seguro. Estaba pensando, he olvidado a los amigos que perdí. Los que ya no están, los que fueron, los que decidieron irse, y los que tuve que echar de mi vida para que fuera mejor

Hombre 1: ¿Y eso es malo? Lo importante son aquellos que todavía están, o quieres que estén. Esos nunca se perderán en tu mente por muy lejos que estén o el tiempo que haya pasado sin verles.

Hombre 2: Cuando salgamos mandamos una foto a Ed Wood.

Hombre 1: ¿Por qué le pusimos el apodo de Ed Wood?

Hombre 2: Porque es un tío ingenioso y creativo. Supongo. Es gracioso, pero cariñoso.

Hombre 1 (otra vez pensativo): ¿Te he dicho que te quiero?

Hombre 2: ¿y yo? ¿te lo he dicho? Eres una de las personas más importantes de mi vida

(Ambos se funden en un abrazo, la corriente les lleva hasta la orilla. Los dos se ríen y vuelven al agua)


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Escuchando: Abril, Dar Ful Ful


(Si quieres saber algo más de los dos personajes de esta historia debes leer antes la entrada «Te llamaré hamor». Después puedes continuar leyendo la que tienes frente a ti)

Antonio: Mira, estas son las vistas que tengo desde aquella prisión con preciosas vistas [Antonio le envía a Roberto una foto nocturna con la Torre Agbar de Barcelona de fondo]

Roberto: Es una vista preciosa.

Antonio: Al menos no es un muro deprimente.

Roberto: No, es casi inspirador.

Antonio: Pero es una prisión de cristal al fin y al cabo.

Roberto: Ojalá tener una prisión de trabajo con unas vistas que invitan a escribir y fotografiar.

Antonio: ¿Sabes? He echado de menos tus canciones. Le has añadido alegría a la banda sonora de mi vida.

Roberto: Acaba de comenzar abril y Dar Ful Ful ponían melodía a un mes como éste.

Antonio: Ya tengo planeado la ruta que hagamos cuando vengas. Si te apetece.

Roberto: Me encanta como cambias de tema. Me parece bien lo de la ruta, pero no nos hagamos fotos con la capucha puesta. Tu calva es bonita.

Antonio: Tú la ves bonita.

Roberto: Te daré la razón como a los locos.

Antonio: En estos tiempos grises hay que ponerle color entre todos.

Roberto: De ahí la luminosidad de muchas canciones que te envío.

Antonio: Cierto. Te llamaré lucero, aparte de hamor.

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8 de abril de 2015 / «Somos los sustitutos»


«¿Quieres oír mi teoría? Tenemos un talento especial. Lo vi enseguida, nosotros somos los sustitutos. Yo he sido una sustituta toda mi vida» así hablaba Claire en ‘Elizabethtown’. La figura de una persona que es la sustituta de otra, una especie de personaje que es colocado en el tablero de ‘El Juego de la Vida’ sólo para algunos turnos.

¿Quizás somos sustitutos y no nos hemos dado cuenta? Hemos estado ahí, siempre al lado, pero simplemente hemos esperado al lado. En la sombra. Pensando que ese era nuestro lugar: Eres el amante que se escapa cuando la necesidad aprieta, la persona a la que acudir cuando tienes algún problema, el que se convierte en un mero trámite hasta que encuentren ese supuesto verdadero amor, eres un cover de un protagonista principal…

Pero entonces cambias de tema y lanzas un chiste, como en la película:

Drew: No conozco a chicas como tú
Claire: ¡Conmigo rompieron el molde!

Has conseguido desviar la atención. No importa. Da igual.  Sigues siendo el sustituto.

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15 de abril de 2015 / There is no goodbye

Escuchando: Wait, M83

La nave lleva unos días con aires enrarecidos. Uno de los tripulantes ha desaparecido, se va escondiendo por la nave. Otro ha abandonado la expedición, y yo no sé en que punto estoy.

Vuelvo a salir fuera, «Me voy a tomar el aire» digo, como broma. Me voy a observar la Tierra desde las alturas. En el casco suena ‘Wait’ de M83. Me gusta ponerme en lateral de la nave, desde allí se puede observar mucho mejor. No sé como ha sucedido, he tropezado. No me he dado cuenta que estaba excesivamente en el borde de la nave. He ido paso a pasito yendo hacía ese lugar pensando «Bueno, no pasa nada, sólo es un pequeño movimiento más». Pero para cuando me he dado cuenta es demasiado tarde.

La caída es inevitable, sin posibilidad de agarrarme. Sin llevar la protección de seguridad que, por una vez, no había instalado en el traje. El resto de los tripulantes pudieron llegar a ver un resquicio de la caída pero ya no se podía hacer nada. En el casco sigue sonando la canción. Escucho las voces de los tripulantes gritando por el transmisor. No sé que quieren decirme mientras observo a cámara lenta la nave en las alturas, sus tentáculos en forma de válvulas de corazón. La nave late a toda velocidad. Siempre supimos que sentía, lo hace con toda la intensidad. La he descubierto.

Así que empiezo a caer a toda velocidad. En estos momentos no piensas en nada. Sólo el sonido del corazón va a toda velocidad. Quiere estallar en tu pecho. La música sigue sonando, casi al ritmo del efecto lanzadera con el que mi cuerpo es atraído.

«¿Realmente me tropecé o me quise lanzar?», ese pensamiento me hace sentir triste. Unas lágrimas se derraman, aunque no podía sentirlas en las mejillas de las vueltas que estaba dando en mi firme, determinando y acelerado camino a estrellarme con la Tierra.

Pensamos que tenemos esa seguridad, que controlamos realmente todo: nuestros sentimientos, nuestra apariencia, nuestro lenguaje… y en realidad nos exponemos mucho más de lo que creemos. O quizás jugamos a llevarlo todo a ese límite, o, no sé, quizás a perdernos y buscarnos excusas que no deberíamos tener.

La caída sigue pero con la extraña sensación de ralentizado. Me da tiempo a pensar a toda velocidad. No sé que puedo hacer. Simplemente no pongo impedimentos. Entro en la estratosfera. Hace calor, siento como si me quemara los huesos.

Todo esto es el final. No quiero que lo sea. Porque tendría que serlo. No puedo hacer nada. Sólo la melodía me acompañará hasta que no quede nada de mí. Espero el golpe definitivo, quizás lo deseo. Sí, quiero estrellarme. No me importa. Ya está. Lo he dicho ¿Eso es lo que realmente siento?

Me he desahuciado. Y entonces, escucho una voz. Era lejana pero a la vez nítida, y en este precioso instante siento como si me paralizara en medio del aire. Abro los ojos. Observo a mi alrededor, me encuentro en un enorme campo sobre las copas de los árboles, flotando.

El traje tiene un pulsador escondido bajo la manga que consigue hacer elevarte. Llevaba todo el rato ahí. En silencio. Lloré desconsolado. No quería morir, quería seguir luchando por aquellos pequeños momentos que vivía cada día.

Fui elevado lentamente, como si un ovni me estuviera reclutando para sus tropas. Llegué más rápido de lo que pensaba a la nave. Alguien me dio la mano, puso su sonrisa de niño travieso y me dijo «¿Pensabas que tú eras el único que podía salvar a los demás? Quizás has aprendido que también hay gente que te quiere ayudar… y que te quiere». Esa fue la voz que escuché. Sonreí, le abracé y regresamos al interior. Por fin aquel tripulante había aparecido.

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(Continuación del relato que comenzó con «Te llamaré Hamor» y siguió con «Te voy a llamar Lucero, aparte de Hamor». Se recomienda leerlos previamente)

Roberto: ¿Qué tal has amanecido hoy?

Antonio: Pshh, pshh.

Roberto: Eso no suena del todo bien, ¿Qué te ha pasado?

Antonio: Ayer pensé en tirarme a las vías del metro.

Roberto: ¿QUÉ?

Antonio: Parece una tontería pero con 42 años siento mucha presión, me siento como un niño asustado. Se me pasó por la cabeza la idea de acabar con todo. Borrachera y tristeza es un mal cubata.

Roberto: Creo que tu perspectiva de la vida difiere de la mía. Aunque, sospecho, a todos nos debe pasar lo mismo.

Antonio: Para mí es un honor estar en tu horizonte. No creo que te llegue ni a la suela de los zapatos.

Roberto: No sé lo que intentas hacer pero deja de utilizar la autocomplaciencia, no te vale para nada. Tienes diez años más que yo, no seré el que te de consejos.

Antonio: Quizás fue un aviso lo de anoche. Soy autodestructivo, no te convengo.

Roberto: Ya decidiré yo lo que me conviene o no ¿De acuerdo?

Antonio: Ya paro. Quizás tengas razón. Cuando seamos ricos, nos vamos juntos a Japón. A comer sushi y ver luces de neón. Llevo un letrista de Mecano en mi interior.

Roberto: Mira Mecano, ya hemos encontrado un nuevo vínculo de unión.

Antonio: Tengo que dejarte, me voy al super.

Roberto: Cómprame fuet.

Antonio: Hecho. Pero si tardas en venir no quedará. Me lo habré zampado todo.

Roberto: No tardaré mucho. Y sí, es una amenaza.


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29 de abril de 2015 / «Tienes el corazón cansado»

Escuchando: La Gracia, Zahara


Era un lunes cualquiera para él, pero aquella noche se reunieron un grupo de amigos de forma improvisada. Bebieron cerveza, pidieron pizza y salieron todo tipo de temas, como siempre había sucedido. Uno de sus amigos le miró fijamente, le señaló y le dijo «A ti lo que te pasa es que tienes el corazón cansado». Todo el resto de la cena siguió animada pero él no pudo dejar de darle vueltas a esa frase.

Se retiraron pronto ya que al día siguiente había que madrugar. Decidió bajar andando hasta su casa. Ahora que había llegado el buen tiempo había que aprovechar para disfrutar de esos pequeños placeres. Siguió su ruta habitual… hasta que decidió adentrarse en aquel bosque que siempre dejaba a un lado y en su móvil resonaba la frase de aquella canción que decía «no romperán mi corazón si lo he arrancado»

Tenía un plan. Decidió meterse entre aquellos árboles, trató de lograr llegar lo más lejos posible. Un lago se alzaba delante suya, casi virginal. Este era un buen lugar para llevar a cabo su plan. Respiro hondo, espiró, y decidió hacerlo varias veces. En una de ellas y, casi sin avisar, se metió la mano en el pecho. Como si fuera lo más natural del mundo sacó su corazón.

Nunca pensó que su corazón sería así. Se parecía a él, casi tenía sus mismas facciones. Sí, tenía razón aquel amigo suyo: el corazón estaba cansado. Tenía la sensación como si le costara respirar. Lo observó. Él corazón le miro con cara de pena, sabiendo lo que iba a suceder. Casi con miradas desafiantes se encontraron. Él con gesto hierático y el corazón comenzó a impacientarse. No podría sobrevivir mucho fuera del cuerpo de aquella persona. Del silencio se pasó a unos gritos ensordecedores… pero nadie podía escuchar a ese corazón que lloraba como un niño pequeño abandonado en un contenedor. Era cruel, pero a él le daba igual ¿Por qué? Sencillo: Ya no tenía corazón, no podía afectarle.

El corazón gritó, desconsolado, desesperanzado, creyendo que alguna persona pasaría a su lado y le rescataría. No sería así. Él se tumbó en un banco junto al corazón que cada vez tenía menos fuerza.

Llegó el amanecer. Un grupo de exploradores los descubrieron. Ya no había nada que hacer, la peor muerte es la del corazón y sin él no se puede sobrevivir.

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6 de mayo de 2015 / (I Could Be Dancing)


A veces el ser humano piensa demasiado, a veces el pensamiento autodestruye. Pensar para dejar de pensar en algo que no  se debería de pensar. Curiosa ironía esa, pero muy cierta. Al final muchas veces menos es más… pero cuando me he puesto a escribir sobre ello he decidido que no iba a pensar más. Esa era la idea, ¿no?. Me pongo los cascos. Empiezo a mover los pies siguiendo el ritmo, lentamente, como quien no quiere la cosa. No puedo evitar tener que levantarme de la silla porque las piernas se unen a los pies. Sin darme cuenta he recorrido el cuarto con cada estrofa de la canción.

Entonces comienza el puente del estribillo. Salgo corriendo de casa, bajo las escaleras deslizándome por la barra. Choco los cinco con el vecino sexy del 1º y le doy una palmada en el culete. Tengo que llegar a tiempo.

¡Hecho! Salgo por la puerta de la calle con el comienzo del estribillo. Encuentro a dos personas más que bajan la calle. Nos movemos al unísono de la melodía mientras vamos cantando por encima de la letra. Como si fuera algo de lo más natural nos dirigimos todos hacía el mismo lugar. Unos leves golpes de caderas, una carrerita al ritmo de esa estrofa que engancha.

Estamos a punto del subidón final. Llegan las serpentinas, el confeti y la coreo grupal definitivo. Todos terminamos en la misma postura. Podría haber sido ensayada, pero no. Ha salido natural. Sola.

Entonces regreso. En realidad no me he movido de mi cuarto. Miro hacía la puerta y alguien había entrado en pleno apogeo. Se ríe. Cierra la puerta. Sonrío y guiño un ojo a una cámara imaginaria.

Si queréis dejar de pensar, bailad en vuestro cuarto haciendo click aquí.

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13 de mayo de 2015 / Invasión

Escuchando: Invasión, Pastora


Llega la madrugada pero no llega el sueño. Otra vez ha sucedido. Mi mente se dispersa y busca en diversos recovecos respuestas a preguntas que nunca voy a poder resolver.

«Necesito saber dónde van a parar las noches
Que me pongo a pensar en esta ciudad
En todo lo que tengo que correr para largarme fuera»

Suena esa canción en la radio. Me relajo. Me estiro en la cama. Siento como cada gota del sudor recorre mi cuerpo. Cierro los ojos. Los músculos se destensan. Morfeo me llama a sus filas. Quizás mañana sea el día. Ojalá.

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20 de mayo de 2015 / You Appearing

Escuchando: You Appearing, M83

Érase una vez un lugar de trabajo gris donde todo era monotonía, caras tristes y pocas ganas por los pasillos. Multitud de gente se agolpaba en sus instalaciones. Nuestro héroe caído también había caído en las fauces de aquella multinacional devoradora de almas. A cada día que pasaba aquello parecía que no iba a mejorar. El sin sentido seguía entre aquellas cuatro paredes en una especie de bucle hacía el infinito del cual no ayudaba que fuera de ella las cosas no iban mejor: había sido derrotado.

Todo era gris, pero un gris que iba oscureciendo con el paso de los días como si fuera una losa que estuviera encima y que no pudieras evitar. Pero había algo que hacía que el día cambiara. No era durante mucho rato. Simplemente como si fuera una inyección. Ese momento era siempre a las 14:00h. el héroe caído subía y ella bajaba. Ella era una especie de camelón a la hora de vestir. Un día podía ser una especie de secretaria de mediados de siglo pasado, otro día una pin up girl, y de repente verla como si hubiera salido de una película romántica de los 90.

Ella sabía  lo que había entre aquellas paredes era gris, pero trataba de darle un toque de color, cada día diferente, huyendo de la monotonía. Sea como fuere cada vez que lo veía el héroe caído la imaginaba en alguna playa. Se visualizaba allí mirándola y entonces podía respirar y relajarse. Quizás sólo unos minutos, pero los suficientes para saber que había que seguir.

Aún hay esperanza porque ella aparece todos los días y hay que creer en algo en esta vida. El héroe caído sigue creyendo aunque le cueste.

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27 de mayo de 2015 / "Cena & Cine"


(Continuación del relato que comenzó con “Te llamaré Hamor”, siguió con “Te voy a llamar Lucero, aparte de Hamor” y «Borrachera y Tristeza es un mal cubata» Se recomienda leerlos previamente)

Antonio: Soy el feo de los tres hermanos

Roberto: Superfeo

Antonio: Pozi…

Roberto: Cuando te conozca te llevaré con una capa tapándote cual Quasimodo

Antonio: ¡Claro! ¡Capa que nunca falte! Mira a Madonna o a Edurne. Por cierto, me sigues debiendo cena y cine. No me olvido a pesar de las adversidades.

Roberto: Por supuesto

Antonio: Mira, «Cena & Cine» es un nombre perfecto para un relato. Yo a cambio de la cena y el cine te hago un tour en moto por las partes de mi ciudad más conocidas y las no tan conocidas

Roberto: Trato hecho 😉

(Antonio manda una foto)

Roberto: ¡Pero qué guapo!

Antonio: ¡Qué tontorrón!

Roberto: Estás superachuchable

Antonio: Achúchame. Lo necesito. Estoy super flojo y tierno.

Roberto: Me pondría detrás tuya te agarraría y te abrazaría bien fuerte.

Antonio: Acepto.

Roberto: Y después te giraría para que te apoyaras en mi pecho y te durmieras mientras te acaricio.

Antonio: Ohh

Roberto: Soy experto en mimos. Me despiertas mucho cariño.

Antonio: Eso suena a ONG

Roberto: Una ONG no se mete en una cama a dar abrazos.

Antonio: ¿Me cantarás ‘Soldados del Amor’ de Marta Sánchez?

Roberto: Si me llevas a un karaoke te puedo cantar muchas cosas. Si te abrazo en la cama sólo te diré cosas bonitas. Estoy buscando el billete para irte a ver.

Antonio: Si vienes te dedicaré todo el tiempo que pueda.

Roberto: En el fondo tú y yo no somos tan diferentes, yo también tengo un punto autodestructivo, pero ¿y si juntándonos desaparece?

Antonio: Quién sabe. Cosas más extrañas se han visto.

Roberto: Por cierto, ya tengo los billetes comprados.

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Él iba leyendo un libro, ajeno a lo que le rodeaba. Ella se encontraba jugueteando con el móvil. De repente un frenazo hizo que ella perdiera el equilibrio. Él, viendo que ella podía caer, hizo el amago de agarrarla. Ella, en un arte de gran proeza, se agarró a tiempo a la barra. Él sonrió sin que ella se diera cuenta, pero yo si me di cuenta. Quizás sea uno de esos pequeños detalles sin importancia.

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10 de junio de 2015 / Un acuerdo para follar


Aquella embestida que estaba haciendo Pablo sobre Ernesto era de las que hacían época. Llevaban varios meses enzarzados en una relación que acababa siempre en la cama, pero ¿Y lo bien que disfrutaban los dos? Sin compromisos, sin tener que dar explicaciones, sin la necesidad del compromiso… Los dos estaban felices viviendo aquella situación.

Y Pablo seguía sobre Ernesto, como si le fuera la vida en ello. Cada polvo era más intenso que una película romántica de Meg Ryan. Entregados al deseo, la pasión. Sus orgasmos eran dignos de un final de temporada de cualquier buena serie.

Eran expertos en correrse al mismo tiempo. Siempre compenetrados:

Pablo: Me voy…
Ernesto: Y yo…
Pablo: Joder, estoy a punto
Ernesto: Venga, dale, quiero sentirte hasta el fondo
Pablo (Mirando fijamente a Ernesto en plena corrida): Joder… Te quiero
Ernesto (Casi entre lágrimas): Joder… y yo.

Por primera vez tras tres meses se abrazaron al terminar, y no se despegaron en una hora. Simplemente disfrutando de aquello que ambos habían guardado por miedo al no.

A veces dos personas piensan lo mismo, quizás estaría bien que se lo dijeran.


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17 de junio de 2015 / Fuego al corazón



El otro día me encontraba esperando en una estación de tren. Las estaciones tienen esa magia y encantado que, quizás, no tengan siquiera los aeropuertos. Algo de tradicional, de ver los trenes salir a lo lejos, en algunas ocasiones personas corriendo junto al mismo para despedir a esa persona especial que se va deseando que regrese.

También es un lugar perfecto para dejarse llevar por la imaginación: Entre toda la gente que esperaba mirando una pantalla para saber donde tendría que coger el tren nos encontramos con una chica con una maleta a la que tenía anudado un globo de corazón gigante.

En ese instante vi que esa chica se iba de finde romantico, con un novio encantador. Quizás no era un chico guapo, pero si de los que se llaman apañados. Le llevaría a una casa rural perdida en algún pueblo cercano a Madrid. Darían paseos por la montaña, pasarían las noches abrazados mirando a la lejanía, haciendo planes de futuro…

…pero por otro lado la imaginación puede ser mucho más cruel: Quizás el globo de corazón gigante era una venganza de ese novio, una forma de llevarla a algún lugar encantador para después decidir dejarla por el más puro egoísmo o ganas de hacerla sufrir.

Conclusión: La mente es tan maravillosa como horrible. Cuidado cuando los pensamientos negativos deciden invadirla incluso en la imaginación. No podéis dejarla que se vaya más lejos, no sea que después sea complicado regresar.

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24 de junio en 2015 / En un mundo tan pequeño

Escuchando: En tu mundo tan pequeño, Mercromina


Así, en ese pequeño mundo, me refugió. Te tumbas en el sofá, haces un hueco para que pueda acomodarme junto a ti. Entonces al estar allí te desnudo lentamente. No quiero que exista ropa entre tú y yo. Rozo lentamente cada parte de tu pecho, juego con tus pezones. Sonríes, y casi ríes, en cada una de esas caricias. Me situó delante de ti. Tu barba me roza mientras me dices «No pasa nada, todo va a estar bien». Te aprieto fuerte, quiero creer, necesito creer que sea así. Abrazado a ti, en ese instante, me siento a salvo. Nada puede salir mal. Gracias.

«En un mundo tan pequeño
sólo cabemos tú y yo,
aumentando el microscopio
lo haremos en blanco y negro»

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1 de julio de 2015 / La Fiesta Universal

Escuchando: La Fiesta Universal, La Casa Azul


Entraste en aquella fiesta en los confines del mundo. El único requisito que te pedían era que tenías que acudir solo. No podías llevar acompañante aunque sabías que buena parte de tus amigos se encontraban allí. Le llamaron «La fiesta universal» porque estaban invitados todos los habitantes del universo. ¿Descubriría que existe vida más allá de nuestro Planeta?

El viaje hacia este lugar se hacia mediante una pastilla. Ésta era remitida en un sobre con una fecha exacta en la que había que tomársela, después simplemente había que tumbarse en la cama con las mejores galas y dejarse llevar. No sentiste nada. Cuando despertaste te encontraste en algún lugar de la galaxia frente a unas enormes puertas que se abrieron ante ti. Multitud de personas se encontraban en su interior, un sistema de comunicación entre diversas salas llenas de gente. Algunos estaban disfrutando y otros tenían la sensación de estar perdidos en ellas.

Estabas en un punto que no sabía cual era. Encontrar a alguna persona conocida debería ser casualidad o, quizás, todo estaba orquestado para que no te encontraras con nadie de tu círculo y hacer de la experiencia algo más emocionante. Te perdiste entre la gente, buscando miradas cómplices. Era algo complicado, ¿tanta gente y no encontrar a ese alguien?

Atravesaste varias salas, te desesperaste, te esperanzaste y tras casi una hora de recorrido llegaste a una sala que estaba medio vacía. Le parecía extraño pero se aventuró en la sala. Todo te parecía más claro y cristalino. La gente interactuaba más. Entonces sentiste que alguien te tocaba por la espalda.

«Sí, el no haber desesperado había tenido sus resultados», dijiste en voz alta

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Escuchando: La Revolución Sexual, La Casa Azul

(Continuación del relato que comenzó con “Te llamaré Hamor”, siguió con “Te voy a llamar Lucero, aparte de Hamor”, “Borrachera y Tristeza es un mal cubata” y  «Cena & Cine». Se recomienda leerlos previamente)

Roberto ve a Antonio a la lejanía con la camiseta que le había dicho que llevaría. El lema que reza es «I’m only human on the inside», una frase de un clásico de The Pretenders.

Roberto: Sabía que eras un humano, no hacía falta que te pusieras la camiseta.

Antonio: A veces soy un poco extraterrestre, por si acaso. Aquí tienes (Saca un casco de moto)

Roberto: ¡Ohh! ¡Has traído la moto!

Antonio: A ver ¡No te me pongas nervioso!

Roberto: No, no estoy nervioso es que sólo me he subido una vez en moto y fue hace mas de diez años… ¡y diez minutos!

Antonio: Esto es sencillo, subes la pierna por aquí, después la otra y ya está.

Roberto: Espera… (Se vuelve a tropezar)

Antonio: Tenemos todo el día. No te preocupes.

Roberto: Ahora sí, ya sí. La patosería es lo mío.

Antonio: Ahora te agarras a mí, fuerte, y arrancamos… pero no hace falta que estés tan tenso, puedes tocarme las lorzas. No pasa nada.

Roberto: No, si no me molesta nada tocarte las lorzas, esa era la excusa para ir en moto, ¿no?

(Ambos se ríen)

Antonio: ¿Ves aquello de allí?, es la extensión del puerto pero por problemas de burocracia se quedó a la mitad.

Roberto: ¿Y tú ves esa piscina? Pues ahí fue donde Kylie Minogue rodó el videoclip de Slow. Tú me enseñas de arquitectura y yo de pop.

Antonio: Ahora te llevaré a un lugar donde no suelen ir muchas personas, a las alturas de la ciudad.

Roberto: Tú lo que quieres es llevarme a un descampado… confiésalo.

Antonio: Pues más o menos es algo así. No hay nada, pero si que hay unas vistas espectaculares.

(Desde las alturas)

Roberto: ¡Guau! Menuda pasada. Se puede ver toda la ciudad

Antonio: Sí, allí está la polla de la ciudad, al fondo puedes ver el Estadio Olímpico, y esa cruz que apenas ves a la derecha alguien la pintó de rosa. Muy del Gay Pride.

Roberto: Si es que sabes de todo, eres una wikipedia andante

Antonio: Se hace lo que se puede

(Desde el centro de la ciudad)

Roberto: Va siendo hora de decir adiós. Ha sido un verdadero placer compartir esta tarde contigo, te dejo con un regalo

Antonio (Abre el regalo): ¡La Revolución Sexual de La Casa Azul! No lo tengo aunque si que he escuchado canciones.

Roberto: Es el disco más positivo del grupo, creo que te vendrá bien.

Antonio: Gracias, espero poder dedicarte más tiempo la próxima vez que vengas.

Roberto: Seguro que sí, tienes que enseñarme más cosas de la ciudad.

Antonio: Eso está hecho.

(Se funden en un fuerte y largo abrazo)

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15 de julio de 2015 / Stop! in the name of love

Escuchando: Stop in the name of love, The Supremes


Aquel día en el karaoke, como tantos viernes que íbamos, había toda clase de gente: los que iban como si aquello fuera una prueba de La Voz, los que simplemente iban a pasar el rato, los que no tienen en sus cuerdas vocales su mayor aliado y otros seres que uno no sabría donde catalogarlos.

Una chica cantaba con todo el sentimiento del mundo ‘Muñeca de Trapo’ de La Oreja de Van Gogh y acabó estallando en lágrimas sobre el escenario, un par de amigos se subieron a hacer lo propio con el ‘Juntos’ de Paloma San Basilio y notando una tensión sexual entre ellos facilmente identificable, y, por supuesto, llegó el de la voz perfecta que te clavaba el ‘My Way’ de Frank Sinatra como si su vida dependiese de esa actuación.

Entre todas esas personas destacaba una de ella justamente por no destacar, extraña paradoja. Estaba sentado en una esquina, solo y subió a cantar ‘Stop! in the name of love’ de The Supremes . Es curioso pero al hacerlo no transmitía ningún sentimiento, parecía como si fuera un autómata, un robot que simplemente cantaba por inercia.

Su actitud fuera del escenario era muy parecida, estaba tomando alguna copa y parecía no estar allí de cuerpo presente. Cuando salió del lugar abandoné a mis amigos con cualquier excusa y decidí seguirle. Tenía curiosidad por esa persona.

No conseguí ver nada nuevo a lo que ya había visto. Caminó, cogió el metro y acabó metiéndose en un portal. Casi como si fuera un investigador privado, decidí saber más de él. Era algo extraño pero viendo su actitud parecía como si nada le importara, ni para bien ni para mal. Creo que nunca me había encontrado a alguien así.

Tras varios días obsesionado con él, sin saber que es lo que podía pasar su cabeza y cuando ya estaba a punto de abandonar mi particular misión llegó: Era un domingo por la mañana y tras salir de un portal venía con una sonrisa de oreja a oreja junto a una persona mayor a la que acompañaba. Al fin y al cabo si que tenía sentimientos.

Conclusión: Aquellos que parezcan que no tienen sentimientos, puede que lo tengan guardado en algún rincón de su corazón, y decidan sólo enseñarlo con determinadas personas.

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22 de julio de 2015 / Miradas

Escuchando: Miradas, Bravo Fisher!


He visto la mirada más bonita del mundo. Ha sido de la forma más inesperada. Estaba cerca de mí, como a un metro. Se ha girado hacia donde estaba yo y ¡Zas! Esos ojos. Oscuros, sin ser negros, con una mirada tierna, cautivadora, intrigante, misterioso, atractiva.

Nos hemos bajado en la misma parada y nuestras miradas se han cruzado. Lo he visto. Me he metido dentro de su mirada y he visto un paraíso con su playa, montaña, un día despejado y un lugar perfecto donde instalarse. La felicidad en aquellos ojos, la sensación de que todo va a ir bien.

Quizás si me lo cruzo dentro de unos meses tendré que decirle «No me conoces pero tu mirada me hizo sentirme mucho mejor». Llamadle loco, quizás lo esté.

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29 de julio de 2015 / The sun comes down into the sea

Escuchando: Beach House, Disaster in the Universe


Me dedico a observar sentado en mi toalla. Simplemente a mirar con detenimiento. El atardecer llega a la ciudad condal, la playa se vacía lentamente. Sin prisa, como si el tiempo entre la arena fuera ralentizado. No existe el estrés, las prisas ni la ansiedad.

Una familia ríe alegremente mientras recogen su nevera portátil, ya vacía, la sombrilla y van camino del asfalto de la ciudad. Un chico y una chica juegan en el agua aprovechando hasta el último momento del día. Otros siguen tumbados, algunos de charla y otros casi roncando, quizás por pasar la noche anterior de fiesta.

Giro mi cabeza puedo observar mis pies llenos de arena, juguetear con ella, dejar formas que inmediatamente desaparecerían. Sería una forma efímera mientras el sol va desapareciendo al fondo del mar.

¿Es otro día cualquiera? No, es ese momento, el aquí y ahora, en este instante. Eso es lo que importa.

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Modelo fotografía: Mixalis Campourakis
Escuchando: We are the explorers, Cut Copy


Lo vi por primera vez sacando un billete en las taquillas del Metro. Era un chico guapo, con barba, barriguita sexy y piernas peludas. Me fijé en él por un instante, se giró y me miró como si le conociera e hiciera mucho tiempo que no nos viéramos.

Me lo encontré a los pocos días y decidió a hablarme. Sabíamos que teníamos cosas en común. Me encantaba pasarme horas con él hablando. Congeniamos a la primera, como si fuera alguien importante para mí desde el minuto uno. Me gustaba su forma de pensar, de entender el mundo, de simplificar todo.

Siempre que le contaba un problema era capaz de verlo todo desde fuera, relativizarlo y tranquilizarme. Poco a poco sentí que empezaba a conseguir pensar de esa forma: disfrutando de todo y haciéndome, lentamente, más feliz. Era como si fuéramos unos exploradores adentrándonos en terrenos desconocidos para mí, aunque él parecía un experto y, cuando algo no lo sabía, rápidamente se encargaba de solucionarlo de una u otra forma.

Sólo había algo que nunca hacía: abrazarme. Con lo que me gustan los abrazos, siempre estaba en ese punto en el que rechazaba el contacto físico. Pero algo cambió.

Pasados varios meses quedamos a tomar unas cervezas junto al río. Al atardecer me dijo que le había gustado reencontrarme. Le pregunté que me sonaba pero no sabía de que lo conocía. En ese momento, sin decir una sola palabra más, me dio un abrazo.

Ese abrazo no fue normal. La sensación era que él estaba entrando en mí. No era la sensación, ¡estaba entrando en mí! Es como cuando haces el amor con alguien y le sientes dentro de ti, él estaba filtrándose en todos los rincones de mi cuerpo.

Entonces lo entendí: Él, el hombre de barbas, no era más que mi seguridad, mi autoestima, mi visión para ver la vida de una forma feliz, algo que había perdido en la época de niño y que, tras muchos años, había recuperado.

Ahora siempre me acompañaría y ayudaría. Todo tiene su lógica, ya sé porque me encantan los hombres con barba.

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Ilustración: Woodkid – Run Boy Run, speed sketch tribute por Jordi Palomé
Escuchando: Run Boy Run, Woodkid


Tienes que mirar hacía delante, avanzando. Dando paso a paso. En ocasiones te tocará hacer un pequeño maratón y en otras tendrás que esquivar algunos obstáculos pero, quizás, el momento más duro será el de tener que enfrentarte a esos enemigos. Tendrás que mirarlos cara a cara. Desafiarlo y, al final, darte cuenta que esos enemigos son tan poderosos como tú quieras otorgarles ese poder, incluso que son unos fantasmas que se desvanecen en cuanto dejes de mirarles. Tú puedes vencerlos y siempre puedes contar con ayuda que te de el empujón definitivo.

En el momento que sabes cual es tu fuerte, sólo tienes que buscar la estrategia adecuada para poder vencerlos. Puedes ser tu peor enemigo y, a la vez, tu mejor amigo, la persona que más potencial tiene en su interior. Ahora te toca a ti decidir, ve adelante, puedes caerte pero volver a levantarte. Mira a la ciudad, alza tu espada

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Escuchando: Dos dies no són sempre, Élena



Quieres hacer todo rápido. Aquí y ahora. Por eso tu cabeza va a tantas revoluciones, pasa de un lugar a otro, es como si ella estuviera en un maratón de pista de baile las veinticuatro horas del día. Necesitas hacer un cambio. Si haces todo del mismo modo, el resultado será el mismo. Ralentiza tu vida, pégale un freno a esas ideas y reduce los pasos.

No tienes porque caminar rápido, puedes disfrutar de sentir cada uno de las pisadas. Sigue el ritmo de tu cuerpo, sigue cada uno de tus músculos, siéntelos. Cada una de las partes es importante, únete a ellas. Relájate, poco a poco. Así… escucha el silencio o el ruido que haya a tu alrededor.

Todo parece ir a cámara lenta. Has cambiado la revolución. Has cambiado tu propio ritmo. Sigues dando pasos para cambiar. Ahora que sabes correr, ya puedes caminar.

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26 de agosto de 2015 / Di que sí

Escuchando: Di que sí, Nancys Rubias


A veces nos pasamos la vida con una forma de pensamiento equivocada y no somos capaces de verlo. El «no» es algo que pasa por nuestra cabeza. Damos por supuesto, debido a unas creencias que hemos tenido toda la vida, que hay cosas que no pueden ser «Ese chico es demasiado para mí», «Siempre he sido así, no puedo cambiar» o «He fracasado en la vida».

Pero, ¿y si cambiamos la forma de pensar? Un giro de 180º, como la mitad de un looping de la montaña rusa, para empezar a pedir las cosas, a hacerlas, a empeñarse en ellas, sin dejarnos llevar por esa proyección del no que nos miente. Nos hemos empeñado en etiquetarnos con que somos de una forma y la realidad es que hasta ahora hemos sido así. A partir de este instante eres libre de ser lo que quieras y hacer lo que te de la gana: pide lo que necesitas, haz lo que te plazca, expresa tus opiniones, que te de igual lo que piensen los demás de ellas…

Nada se encuentra escrito y para cambiar sólo hay que hacerlo, ponerse a ello, y pegar un par de tiros a ese no interno, y todos los externos, que se empeñan en que tu vida sea siempre igual.

«y no quiero ni pensar en otro no,
y no voy a conformarme así que di que sí, 
di que sí…»

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2 de septiembre de 2015 / Tengo mil cartas de amor

Escuchando: Sonrisa, Ana Torroja

Alguna vez tenía que pasar. Así que lo he decidido. Estoy en una época de cambios y creo que ha llegado la hora hacerlo público:

Me gustas desde el día que naciste, me gustas cuando te ponías tierno con los perros de tus abuelos, cuando te enfadabas en los viajes por cualquier motivo tonto, me gustas porque has aprendido a vivir y a disfrutar incluso en los malos momentos, me gustas porque siempre has estado ahí, en un papel secundario pero sabiendo que en realidad eres un protagonista, me gustas cuando te miras al espejo y dices que te ves guapo, me gustas porque te pasas la vida sonriendo, me gustas por como quieres a los demás sin esperar que sea respondido de la misma forma, me gusta cada segundo que paso contigo, me gustas porque cada día te conozco un poco más y me encantas, me gustas por ser tan fuerte, me gustas porque eres capaz de caerte las veces que haga falta y volver a levantarte, me gustas porque siempre has sido mucho más optimista de lo que parecías, me gustas por esos ojazos que tienes, me gustas por lo detallista que eres, me gustas porque sigues aprendiendo cada día algo nuevo y lo compartes…

Sí, esto es así, me ha costado muchos años confesarlo y, sobre todo sentirlo, pero va siendo hora de gritarlo, de escribir mil cartas de amor diciendo:

Me quiero.

«Y extiendo la ciudad mirando al frente,
esta mañana el mundo es diferente,
descubro tantas cosas que no vi por no quererme»

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9 de septiembre de 2015 / Por la tripa

Escuchando: Por mi tripa, Pereza

Sólo unos segundos. Eso duró lo que te vi. Unos segundos para verte exactamente igual a como estabas entonces, incluso más guapo con esa barba poblada. Fueron muchos casualidades y un final sin despedida.

Pasaste. No te paré. Hasta ahora lo hubiera hecho. Me quedó con aquellos momentos repartidos en diversos lugares. El pasado está muy bien donde tiene que estar.

Siempre nos quedará esta canción.

«Mañana que hoy estoy fatal
que a ti nadie te grita
que lo hago por que corre
tu sangre por mi tripa»

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16 de septiembre de 2015 / Feeling so real

Escuchando: Feeling so real, Moby

Roberto llegó entre la niebla, como si estuviera en medio de la nada. Poco a poco empezó a vislumbrar aquella playa iluminada. A medida iba caminando se podía perfilar las siluetas de personas. Desde un bebé que reía, pasando por un niño pequeño callado, hasta un adolescente con cara de enfadado, un veinteañero con dudas, un hombre feliz, y una persona perdida.

No sabía como podía ser aquello pero Roberto estaba sintiendo como si se comunicaran con él. Tenía la extraña sensación como si estuviera hablando consigo mismo.

Descubrió que era él. Sus yo pasados, el que tenía ilusiones, el que las había perdido, el que no sabía exactamente que es lo que quería de la vida. Pudo observar como se sentía cada uno de ellos, en lo bueno y en lo malo, era como si fuera una película, pasando a toda velocidad, ¿Estaría muerto? ¿En el purgatorio? ¿Qué es lo que le había sucedido?

El último de ellos se pegó a él, se acercó a su oído y le dijo «Has aprendido. Llevas todas estas lecciones. Estás preparado para dejarte llevar»

Entonces sintió un golpe en la tripa como si una cuerda atada a su cintura le estuviera tirando hacia atrás, a toda velocidad fue desapareciendo la playa, se perdió entre la niebla y abrió los ojos en aquella cama. Alguien junto a él lo miraba, tumbado. Sonrió. Había encontrado la clave.

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23 de septiembre de 2015 / Cambio de idea

Escuchando: Cambio de idea, Astrud



Es bastante curioso. No me había dado cuenta hasta hace poco, cuando observas más allá de lo evidente. Sabía que la gente cambiaba de idea, es así. No existe ningún problema en hacerlo, la vida es ir cambiando a medida suceden situaciones, problemas o simplemente porque apetece hacerlo. Cada uno somos libres de hacer lo que queramos y cuando queramos.

Los cambios de idea son una forma de romper la zona de confort. Del decidir que hasta ahora hacíamos algo de una forma pero ya no lo que puede llegar a provocar extrañeza entre las personas más cercanas. En ocasiones el «Uy, como has cambiado» es el reflejo de «Ya no eres la persona que me vales», otras veces ni siquiera se da esa frase porque hay gente que no se vuelve a ver.

Lo que también hay que saber es que si alguien cambia de idea, los que le rodean también tienen derecho a hacerlo, a cambiar sin dar ninguna explicación. Todo va en dos direcciones y así hay que asumirlo.

Cambiar de idea, qué bonitas tres palabras.

«Y cambio de idea de ti,
y cambio de idea sobre lo nuestro»

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30 de septiembre de 2015 / Leñador y (el hombre) América

Escuchando: Leñador y la Mujer América, Zahara


Gritos, chillidos, gente corriendo, todo aquello resonaba desde las alturas de la montaña donde el leñador y el hombre América observaban

Leñador: ¿Cuándo vamos a actuar? ¿No podemos dejarlos así?

Hombre América: Hasta ahora te hubiera dicho que deberíamos echarles una mano, pero no vamos a hacerlo.

Leñador: ¿Por qué? ¿Quieres dejarles que vayan a la deriva?

Hombre América: No, antes de que llegáramos hasta este punto ya hablé con ellos, de lo que iba a pasar. Decidieron que era lo que querían.

Leñador: Y entonces ¿Qué hacemos aquí?

Hombre América: Aprender que cada uno es responsable de sus actos.

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Escuchando: Decoración, Ellos


La primera vez que te vi me llamaste la atención.
La segunda vez me pareciste interesante.
La tercera vez guapo
La cuarta vez follable.
La quinta vez popero de pro.
La sexta vez, y muchas más, te vi con novio
La séptimavez un amigo tras saludarme me dijo «Ese chico es muy tu novio, ¿no?»
La la octava, la novena y décima nos encontramos de forma casual en la calle,
La décima, la onceava y la duodécima junto a una tienda de campaña y acabamos regresando juntos al amanecer, como la canción de Los Fresones Rebeldes.
La décimotercera vez cantamos juntos estribillos pegadizos
La próxima vez tendrá que ser quedar por primera vez. Tomar un café o, si puede ser, unas cañas que ya va siendo hora tras tantos años.

Firmado: Anónimo

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Escuchando: War Years (Reworked By La Casa Azul), Attic Lights


¿El éxito? Creemos que es tener un buen trabajo, una casa, un perro (gato o unicornio) y una pareja perfecta.

El verdadero éxito es disfrutar. Disfrutar de las risas en ese trabajo que quizás no sea el ideal pero en el que cada día aprendes alguna cosa más, es llegar un viernes por la noche, agotado, y ponerte a darlo todo pinchando en un club como si no hubiera nada más. Conocer gente con la que encajas a la primera, tener a personas que están ahí en la lejanía apoyándote, haber corrido perseguido por extraterrestres en el fin del mundo, haberte peleado con los geos en un universo paralelo, convertirme en un carcelero del futuro, lanzar a gente en montañas rusas, poner las palmas en una canción de un grupo que te gusta, meterte de lleno en el rodaje de una película, gritar como un loco en un pasaje del terror…

El éxito es disfrutar de cada cosa que haces y, si un día decides echar la vista atrás, saber que pese a todos los problemas, conflictos y situaciones que has vivido has sabido disfrutarlo. Y es que hasta en los peores momentos hay una luz que brilla y te dicen, ven, suena la música y es para ti.

«There are no straight lines in reality today
Everything tends to bend a certain way»

-o-


Escuchando: Mundo Futuro, Mecano


Marty McFly: ¿Dónde estamos? ¿Cuándo estamos?
Doc: Estamos en el siglo XXI, en Hill Valley, California. ¡Son las 4:29 del miércoles 21 octubre de 2015!

Regreso al Futuro II

Los viajes en el tiempo han sido siempre uno de esos misterios de la humanidad ¿Se puede ir hacia atrás para cambiar algún hecho en el pasado? ¿Se puede viajar al futuro para saber que es lo que pasará en nuestra vida? ¿El hecho en sí de viajar en el tiempo no produciría un cambio?

Lo tengo claro: No cambiaría absolutamente nada de mi pasado. Mi yo de ahora mismo, el que está escribiendo este texto y, al mismo tiempo, está buscando nuevas ilusiones es como es por todo lo que le ha pasado. Habrá cosas que me gusten más y otras menos pero sea como fuere este es el resultado. A veces el cerebro se entretiene pensando que si hubiéramos hecho otras acciones nuestra vida sería mejor pero eso no es así, estás jugando con un ideal imaginario. Si hay que imaginar, mejor hacerlo hacia delante…

¿Y el futuro? ¿De verdad quieres saber que es lo que va a pasar? Es más divertido que la vida te vaya sorprendiendo, que te de sus palos bien dados, que caigas y te levantes, que te de esa sensación de felicidad extrema, de esos subidones y de hundimiento en la tristeza. Todo es necesario.

«Y aquí seguimos con las mismas ganas de soñar
Plantando flores sobre hierba artificial
Pariendo clones, suplicando amor
Paseando al perro del balcón al salón
Y aquí seguimos con las mismas ganas de soñar»

-o-


Escuchando: Magic, The Sound of Arrows

He cogido la mochila y he salido al bosque. En aquel terreno que antes me parecía tan farragoso y que no sabía como avanzar, ya no era tan difícil. A veces alguna de las ramas se me resistía pero siempre buscaba la solución para poder seguir avanzando. Me sentía como cuando era pequeño y jugaba al Zelda en la Game Boy donde conseguías un objeto para avanzar en alguna de las mazmorras.

Los mismos problemas pero ahora tenía una perspectiva diferente para afrontarlos. Un gran poder, casi mágico. Una sonrisa, una ironía y un «Puedes». Si caía, me volvía a levantar. Si me volvía a caer, me reía y otras vez hacia arriba. No existe el problema.

¿Qué me encontraré tras este bosque que, hasta ahora, no he logrado atravesar? De momento voy a acampar en este lugar, poner música y disfrutar del paisaje a mi alrededor. Ahora si que puedo ver la belleza de este lugar. En mi cuaderno de bitácora escribí hace unos meses una frase antes de comenzar esta aventura: La vida debe ser así, sencilla y bailable. He tenido que cambiar la frase, ahora es La vida es así, sencilla y bailable.

«Yesterday, I had the longest ever dream,
That the world was endless with possibilities.
It had me thinking, one should never forget
That there are wonders, we haven’t seen yet»

-o-

4 de noviembre de 2015 / Hoy puede ser mi gran noche...

Fotografía: Cristian Ledesma
Escuchando: Verbena 2000, Tiger & Milk

No llega a sonar el despertador. Me levanto. Bueno, me quedo un rato en la cama hasta levantarme. No voy con prisas. No importa. Llego a tiempo al trabajo. En realidad un minuto más tarde. Bebo mucha agua. Como unos macarrones con queso gratinado. Están esos dos chicos guapos sentados donde siempre. El día se pasa rápido. Llego a casa. Empiezo a preguntar. Pongo el ordenador. Suena esta canción. Llega un mensaje. Comienza a canturrear «Hoy puede ser mi gran noche…»

Continuará…

-o-

11 de noviembre de 2015 / …hoy voy a conquistarte

Fotografía: Cristian Ledesma
Escuchando: Verbena 2000, Tiger & Milk

(Continuación de Hoy puede ser mi gran noche...)

«Hoy puede ser mi gran noche… 
..hoy voy a conquistarte
y hacer que no olvides las cosas importantes», con todo lo que hasta ahora he sido: dejado, sin gusto en la ropa, pero era feliz. Esta noche he decidido ponerme esa camisa que nunca me pongo, echarme esa colonia que me regalaron mis amigos en el último cumpleaños y que no había estrenado, hasta una corbata que ni recordaba como se hacía el nudo.

«Hoy voy a hacer que mañana
no dejes de llamarme
y que quieras volver pronto a casa a abrazarme» ¿En quién me he convertido? Salgo de casa, voy con la sonrisa puesta. La vecina de arriba me dice que voy muy guapa. Pego algún saltito mientras bajo a cierta velocidad. No quiero llegar tarde, eso no lo he perdido. Sigo llegando pronto

«Voy a comprarte algún disco
de esos que faltan
para bailar contigo en la cama por las mañanas». Aunque nos hemos visto mil veces, de casualidad, es la primera vez que quedamos. Sabemos lo que hay, es evidente. Me dices que te encanta esa canción que suena ahora en el bar, pero que no tienes el disco. Me pasaré los días que hagan falta dando vueltas para encontrarlo.

«Me prometí a mí mismo
no volver a llamarte,
pero hoy hay algo distinto.
Voy a conquistarte», sí, las miradas lo dicen todo. Me miras de reojo y, cuando tú giras la cara, te miro yo. En el momento que ambos coincidimos las miradas no podemos más que reír. Entonces me agarras de la cintura y me miras de cerca. Tiene que llegar ese momento que estamos deseando.

«Y aprovecha estos momentos,
quizás nunca volverán.
Por favor, no pierdas el tiempo ni un día más» Llega ese momento. El beso. Ese beso. Ese gran beso. Ese instante único. No se repetirá nunca más. Lo aprovecho, lo saboreo, lo disfruta. Te pego mucho más a mí. Te acaricio, lo vivo como si fueras a salir corriendo al separarme de ti.

«Cuando salgas por la puerta
no te olvides de cerrar
para que no vuelva a entrar nadie. Sabes que puede pasar». Sé lo que quiero, y te quiero. Te quiero sólo a ti. Quiero que te quedes con la llave, echaré el pestillo hasta que regreses.

-o-


Fotografía: Cartel de neón de pizzeria en el centro de Madrid
Escuchando: Let it go, Dragonette


Hay algo que me gusta de los viajes largos en autobús. Bueno, cada vez sucede menos porque algunos de ellos ya van equipados con baños y hacen las paradas necesarias para recoger y dejar a pasajeros. Ese algo que me gusta son las paradas que hay justo en medio del viaje. Pueden ser en algún pequeño pueblo cuyo bar principal vive de eso.

Pero, en otros casos, es una área de servicio en la que sólo se encuentra una gasolinera y una cafetería moderna, de techos altos, precios elevados, donde uno puede comer o comprarse una revista. Un lugar perfecto para una escena intensa de Isabel Coixet o de una película de terror. Un lugar polivalente.

Para mí, es un sitio de paso, pero un lugar de reflexión. De donde saliste de ese viaje, hace unas horas, y de lo que vas a encontrar cuando llegues al final. Es un buen momento para conversar con ese compañero de asiento con el que no has hablado ni una sola frase. Ver esas caras de sueño de las otras personas que habitan por el lugar, cuales zombies si es un viaje nocturno.

Y un lugar perfecto para dejar algunas obstáculos, recoger algo nuevo y seguir el camino. Porque, al fin y al cabo, lo importante es disfrutar del camino, con sus tropiezos, sus levantarse, sus cosas buenas, y sus accidentes.

Lo importante es dejar marchar lo que no queremos y conservar lo que sí.

-o-


Escuchando: Funeral, Zahara


8:00h. Se me ha hecho tarde. Salgo andando. Sin prisa por el metro de Madrid. En el móvil suena Funeral de Zahara. Habla sobre despedidas. Me veo haciéndolas. Porque la vida es un continúo movimiento. Gente que viene, gente que se va y otros que se quedan siempre.

Creo que llegaré tarde a trabajar. Consigo hacer ese intercambio entre líneas y meterme en la que me lleve a trabajar. Y allí estaba allí: ese chico, porque no parece mayor, pero es todo un hombre. Su cara, su barba, ese traje, y esa pose de interesante viendo el móvil. Casi más parecía que estuviera camino de la playa que del trabajo. Esa actitud que tenía. Fueron unos minutos lo que compartimos de trayecto pero no pude dejar de mirarlo. Era hipnotizante, llamativo… le perdí la vista en aquella parada donde apenas bajaba gente.

Dos días después el mismo plantel. Me levanté demasiado tarde. Esta vez salí más rápido. Perdí el metro. Y los intercambios no fueron del todo bien. Pero volvió a estar allí. Cuando estaba a punto de bajar me miró, le miré. Sonríe. Sonrió.

«Sólo me arrepiento de haberme dormido», pero no de llegar tarde. La felicidad de llegar tarde.

-o-

2 de diciembre de 2015 / This is my life, my friend

Escuchando: This Is My Life, Anna Bergendahl


Hola amigo,

Mira que no conocernos antes… en realidad tú ya me conocías desde hace mucho, ¡Tramposo! Siempre estabas ahí, cercana, quizás diciendo algo y yo no entendiéndolo. Podías estar frente a mí y yo era incapaz de verte, a veces pensaba que era yo mismo el que me hablaba ¿Quizás oía voces?

Años estuve así y un día de repente te vi. Al principio me caíste muy mal, no te aguantaba y nos peleábamos a todas horas. Nos costó bastante adaptarnos el uno al otro, pero poco a poco me vas cayendo mejor. Tenemos nuestros días, y semanas, pero al final también has aportado cosas positivas. Menos cuando te empeñas en que vea una cosa u otra que no me interesa, que te acabas metiendo en mi cabeza ¡Ahí eres un pesado! Y erre que erre.

Pero he aprendido a quererte, como eres, con esos pequeños defectillos que tienes, si hasta hacemos deporte juntos, bailamos por el cuarto. Quien sabes cuántas cosas nos esperan en los próximos meses…

Gracias por todo. Te quiero.

-o-

10 de diciembre de 2015 / Tonight, so bright Tonight

Escuchando: Tonight, Tonight, The Smashing Pumpkins


Aquella noche regresando a casa tras una fiesta me encontré con una papelera tirada por los suelos. Destacaba un cuaderno lleno de notas, escritos y dibujos. La curiosidad me pudo. Cogí una página y empecé a leerla.

«Aquella noche los sueños volvieron a hacerme vivir mil aventuras. En una de ellas me encontraba recostado junto a ti. No te conozco en persona y, seguramente, no vaya a hacerlo nunca. En ese instante me decías que no podía suceder nada porque tenías novio. Lo que si me dejaste era hacer la cucharilla contigo.

Al despertarme por la mañana pensé que había sido bueno que fuera un sueño. Sí, simplemente una fantasía. Ya había comprendido que no todos teníamos porque estar emparejados. Era felicidad conmigo mismo, no necesitaba a nadie más»

Firmado: S.

¿S de soledad? ¿S de sin sentimientos?

A saber.

«We’ll crucify the insincere tonight
We’ll make things right, we’ll feel it all tonight»

-o-


Escuchando: Caída Libre, Zahara


Vas por la calle y tropiezas con un trozo de suelo que se ha levantado un poco. Caes al suelo.

Tres meses después, vuelves a tropezarte otra vez. Haces como si no pasara nada. Miras hacia delante y continuas. Ya has aprendido a como no caerte.

Cinco meses más tarde vuelves a tropezar, ya has aprendido de la primera vez. Entonces en vez de hacer como que no pasa nada, te tropiezas y te ríes. Así mucho mejor. Muchísimo mejor.

-o-

23 de diciembre de 2015 / Come on and take me to the light

Fotografia: Cain Q. 
Escuchando: Clear, Panterosss666 feat. Woodkid

Junto los dedos. Cierro los ojos. Me teletransporto a aquella playa. Como si fuera algo mágico me veo sentado en la arena. Siento como cada pequeño fragmento de arena empieza a pegarse a mi cuerpo. Un aire cálido sobrevuela mi cuerpo desnudo. Un pequeño escalofrío. Mira hacia todos lados. En este lugar seguro no hay nadie más que yo. Acompaña el ruido del agua. Las olas vienen y van a toda velocidad. Siguen un ritmo hipnotizante que me relajan. Bajan mis pulsaciones. No existe ningún problema.

Entonces llega tu mano. Agarra mi hombro. La otra mano hace lo mismo con el otro hombro. Has conseguido entrar en mi lugar seguro y aún no sé como lo has hecho. No quiero que te vayas de él.

«I see you clear
I see you now
Come on and take me to the light»

-o-

30 de diciembre de 2015 / Nightclub Nirvana

Escuchando: Nightclub Nirvana, Lo-Fi-Fnk


Cuando comencé el año lo hice con una agenda muy surrealista, porque quería un año así. Hay que reconocer que, todo sea dicho, se ha cumplido. No ha faltado de nada, sus momentos románticos, amistades, festivales, peleas, visitas a urgencia, he dudado de mí mismo, de mi alrededor, ha sido el año de las distorsiones, de reírme hasta llorar, de celebraciones, proyectos. Ha habido momentos en gente que ha decidido marcharse de mi vida, otros que los he echado yo, y los que aún no sé que pasará con ellos. Me he perdido y me he empezado a reencontrar.

Sea como fuere, ahora que estamos en plenas fiestas, dejemos de pensar un poco y simplemente recordemos la que es mi frase del año: la vida es así, sencilla y bailable. Dad al play y bailad.

-o-

2014 / 2015 / 2016 / 2017


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